CONFESIÓN DE UN GRANUJA
- デイジー

- 30 mar 2025
- 1 min de lectura
No todos saben cantar,
no todos saben ser manzana
y caer a los pies de otro.
Esta es la suprema confesión
de un granuja.
Ando intencionalmente despeinado,
con la cabeza como una lámpara de petróleo
sobre los hombros,
me gusta iluminar en la oscuridad…

P
Entonces recuerdo con nitidez
el estanque cubierto de hierba, la voz ronca del aliso,
que en algún lugar viven mi padre y mi madre,
y que mis versos les importan un carajo.
Pero me quieren como a un campo, como a la carne de su carne,
como a la lluviecita que en PRIMAVERA tienta a los brotes.
---
Amo mi tierra.
La amo demasiado.
Aún cubierta de tristeza como el moho en los sauces.
Me gustan los hocicos mugrientos de los cerdos
y el canto de los sapos en el silencio nocturno.
Estoy enfermo de ternura
por los recuerdos de infancia,
sueño con la niebla y con la humedad de las tardes de abril.
Cuando nuestro arce se ponía en cuclillas
para calentarse con la hoguera del alba,
trepaba de rama en rama,
para robar los huevos de los nidos de las cornejas.
¿Seguirá siendo el mismo de antes, con su copa verde
y la corteza dura?
---
Soy el mismo de siempre,
mi corazón es el mismo.
Los ojos brotan en el rostro
como las flores azules en el centeno.
Y yo extiendo las esteras doradas de mis versos
para decirles a ustedes
mis más tiernas palabras.
¡Buenas noches!
¡Buenas noches a todos!
Sergueï Essénine

Nigth 1925
Arnold Borisovich Lakhovsky
Yo quiero ser ese velero amarillo
que nos lleva al país, hacia el que vamos.
Sergueï Essénine
1895-1925

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